En 1979, el matrimonio de arqueólogos Yannis Sakellarakis y Efi Sapouna-Sakellaraki descubrieron un templo único en el mundo minoico, tanto por su arquitectura como por lo que encontraron dentro: la escena congelada en el tiempo de un sacrificio humano. Según la teoría más aceptada, no exenta de detractores, un terremoto los sorprendió en pleno ritual y el edificio se derrumbó sobre ellos. Eso, además, provocó que las lámparas que había en la estancia lo incendiaran.
Los restos humanos
Aparecieron los restos de cuatro personas en total. Por su posición en la escena, se les ha dado los siguientes nombres:
La excavación
La pareja de arqueólogos llevaba años trabajando en la zona de Archanes, al sur de Knossos. Concretamente excavando los yacimientos minoicos del Palacio de Archanes y el cementerio de Fourni —que abarca 1500 años y es interesantísimo también—. En esa misma área se encuentra el Monte Giouktas, y en su ladera, la zona denominada Anemospilia, se habían localizado restos de cerámica de forma superficial. Era un buen lugar para una prospección, que dio sus frutos en 1979.
El edificio que se descubrió era pequeño y poco «intrincado», por decirlo así. Los edificios minoicos conocidos eran más laberínticos, con el Palacio de Knossos como mayor ejemplo. Este, sin embargo, tenía tres estancias pequeñas y un corredor al norte para acceder a ellas.
La cerámica hallada sitúa su destrucción a principios del siglo XVII a. C. (ca. 1700 a. C.), a finales del Minoico Medio. Era la llamada de Kamarés, hecha ya a torno con decoración en blanco o rojo sobre fondo oscuro. Estaba en transición a la siguiente fase cerámica —pero sin llegar aun a los archiconocidos pulpitos, que son posteriores—.
En la antecámara se encontraron grandes jarrones (pithoi) para almacenamiento de alimentos y telas. Aquí se preparaban los rituales y es el lugar en el que se halló al Acólito. Sostenía un jarrón en los brazos y su postura sugiere que estaba escapando, pero no lo consiguió a tiempo.
En la sala central se hallaron jarrones cubriendo casi todo el suelo, pero lo más destacable fueron unos pies de arcilla. Habrían pertenecido a una gran estatua, posiblemente de madera, que no se ha conservado.
En la sala este se celebraban ceremonias no cruentas. Se ha excavado un largo altar escalonado en el que habían depositado cuencos con productos agrícolas, además de dos cajas pequeñas de bronce.
Hipótesis
La más interesante es la sala oeste, donde se encontró el presunto sacrificio humano. Se ha hipotetizado con que esa clase de sacrificios no fueran lo habitual, pero que hubieran recurrido a ello precisamente para aplacar la intensa actividad sísmica que estaban sufriendo.
También ha habido argumentos rechazando la teoría del sacrificio humano, especialmente por parte de otros estudiosos como Donald Hughes o Nanno Marinatos. Cuestionan elementos como que el altar o la lanza fueran necesariamente usados para ese fin, que el joven estuviera ahí a propósito y no hubiera caído de forma accidental al caer el techo —y el cuchillo encima—, o que la diferencia en la quema de los huesos no se debiera a la sangre acumulada solo en un lateral, sino a otros factores. También cuestionan el propio uso del edificio como templo, puesto que creen que se sacrificaban grandes toros y que no hubieran podido acceder a un lugar tan pequeño. En ese caso, tendrían que realizarse en el exterior, pero no se ha hallado nada que lo respalde. Nanno Marinatos defiende que, precisamente a causa de la actividad sísmica, no habrían realizado un sacrificio en un recinto cerrado.
Reconstrucción del aspecto del sacerdote y la sacerdotisa
A principios de los 90 del siglo XX se llevó a cabo un estudio de los huesos del cráneo de los individuos encontrados en el templo. Se propusieron tres: el Sacerdote, la Sacerdotisa y la Víctima. Los huesos del Acólito estaban en demasiado mal estado. Pronto vieron que con los de la Víctima pasaría lo mismo. Estaban muy fragmentados y quemados, por lo que su reconstrucción también era impracticable. Solo quedaban dos.
Los restos del sacerdote también estaban deformados por el aplastamiento y la acción del fuego, pero fue posible reconstruir lo suficiente. Aun así, quedó una laguna en el centro de la cara para la que hubo que trabajar con hipótesis.
La sacerdotisa no estaba quemada y aparecieron en sus huesos unas patologías llamativas: un engrosamiento de la bóveda craneal y osteoporosis de los huesos parietales. La opción que manejaron los especialistas que realizaron la investigación, el antropólogo físico Jonathan Musgrave y el arqueólogo Alix Prag, de la Universidad de Manchester, es que la mujer padecía anemia. El debate se ha centrado desde entonces en qué tipo de anemia tenía, si por una alimentación deficiente o si se trataría de una anemia congénita —talasemia— que ofrecía al organismo cierta protección contra la malaria. Esa opción entró en juego porque se sabía que Grecia en la Antigüedad había sido zona de pantanos con mosquitos que podían transmitir la enfermedad, pero desde el primer momento la hipótesis principal se centró en la anemia por deficiencia de hierro.
Los dientes también aportaron información, ya que se encontró que no tenía caries, pero sí acumulación de sarro y una absorción alveolar que indicaba que tenia muy mala higiene dental, y probablemente mal aliento.
Por resumir el proceso de reconstrucción, cada fragmento se envolvió en papel de aluminio fino, pulido para poner de relieve cada detalle y luego se creó un molde con alginato dental. El cráneo del Sacerdote planteó mayores problemas en la reconstrucción debido a la deformación de sus piezas, pero se logró un resultado aceptable. Tanto en su caso como en el de la Sacerdotisa se recurrió al arte minoico para terminar de darles forma al peinado o las cuestiones estéticas.
Reconstrucción del templo
En un nuevo estudio presentado en 2012 de Anna Margherita Jasink, arqueóloga, experta en religión minoica, y Panaiotis Kruklidis, arquitecto y especialista en reconstrucción 3D, revelaron que el templo podía haber tenido tres estancias más al otro lado del pasillo y ser este un corredor central. Éstas habrían sido completamente arrasadas, mientras que las encontradas habrían tenido cierta protección de la roca madre del monte.
Bibliografía
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