Hipólito era el hijo de Teseo y una amazona, y un gran cazador que veneraba a Ártemis. Fedra, esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro, pero este no le correspondía y la rechazó. Entonces, su madrasta invirtió la historia y acusó a Hipólito de haberla violado en unas tablillas inscritas que envió a Teseo. Tras eso, se suicidó.
Teseo creyó a su difunta mujer y desterró a Hipólito, maldiciéndolo y pidiendo a su padre Poseidón que le quitara la vida.
Mientras viajaba en carro hacia Trecén, el mar se encrespó y de él surgió un gran toro que lanzó agua contra él. Los caballos, atemorizados, se desbocaron mientras Hipólito intentaba controlarlos. Sin embargo, una rueda se rompió al chocar con un tronco y el hijo de Teseo salió despedido. Enganchado aun por las riendas, su cuerpo fue arrastrado violentamente hasta quedar irreconocible.
Ártemis le llevó ante su sobrino Asclepio, que había llegado a dominar el arte de resucitar a los muertos. Éste le devolvió a la vida y la diosa le dio otro rostro y otro nombre; Virbio. A partir de ese momento estaría adscrito a ella y su hogar sería el bosque del valle de Aricia.
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