Los hijos que Zeus había tenido con mortales no tenían los mismos derechos que los dioses, por mucho que su progenitor fuera el mismísimo rey del cielo. Para tener acceso a esos honores, el requisito era mamar del pecho de Hera.
Sin embargo, la diosa aborrecía tanto a las amantes de su marido como a sus vástagos; de ninguna manera consentiría amamantar a ninguno de ellos, y mucho menos a Heracles.
Hermes ideó la forma de que el bebé pudiese tomar la leche de quien sería su gran enemiga. Aprovechó mientras la diosa dormía para ponerle el niño al pecho, pero Heracles, tan vigoroso, succionó con fuerza y despertó a Hera.
Al darse cuenta de lo que estaba pasando, la diosa quitó a Heracles bruscamente y un chorro de leche escapó de su pecho, formando la Vía Láctea.
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