Zeus había crecido en la isla de Creta oculto a su padre, el titán Crono. Éste devoraba a sus hijos nada más nacer por temor a una profecía hecha por su padre, Urano, según la cual, uno de ellos lo destronaría. Pero Rea consiguió salvar al más pequeño y le dio a Crono una piedra en su lugar.
Cuando Zeus, ya en edad viril, abandonó Creta con intención de iniciar la guerra contra los titanes, se dirigió a Naxos. Allí, al realizar el pertinente sacrificio, apareció un águila que el dios entendió como un buen augurio. Se la consagró a sí mismo y, desde entonces, se convirtió en uno de sus símbolos.
El futuro rey de los dioses se alió con la oceánide Metis, que dio a Crono una bebida que le hizo vomitar primero la piedra que se había tragado en último lugar, y después a sus otros hijos: Hestia, Deméter, Hera, Poseidón y Hades.
Todos los hermanos reunidos pronunciaron un juramento en torno a un altar qué más tarde elevaron a las estrellas en recuerdo de aquel momento. Por ello, a partir de ese momento los mortales también realizaron sus juramentos frente a un altar.
Los dioses habitaron el monte Olimpo, mientras que los titanes lo hicieron en el monte Otris. Y así se inició una contienda que duró más de diez años: la Titanomaquia.
Bibliografía
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