Ganimedes era un joven príncipe troyano, vástago del mismísimo rey Tros (quien diera nombre a la ciudad de Troya) y de Calírroe, hija del río Escamandro.
Mientras el lozano Ganimedes pastoreaba a sus ovejas en el monte Ida, el dios Zeus posó su mirada en el joven y quedó prendado de su belleza. Al momento, el dios se transformó en una poderosa águila y emprendió el vuelo hacia Frigia, tomando al muchacho en sus garras y llevándoselo al Olimpo, convirtiéndole en su amante y compañero de lecho.
Tros, al enterarse de que el todopoderoso Zeus había raptado a su hijo exigió al dios del relámpago una satisfacción, y este le entregó, de manos de Hermes, una vid de oro y dos veloces corceles capaces de cabalgar sobre el agua. Le prometió, además, que haría inmortal a su hijo, quien desde entonces residiría en el Olimpo y reemplazaría a Hebe como copero de los dioses.
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