Objetos

El collar de Harmonía

El collar de Harmonía es un objeto regalado por Cadmo, el héroe fundador de Cadmea —la futura Tebas— a su esposa Harmonía, hija de Ares y Afrodita, durante su boda. Este fue forjado por Hefesto y dado a Cadmo por él mismo o alguna otra divinidad, que varía según las fuentes. Pero se decía que el collar tenía el poder de traer desgracias a su propietario.

Crátera del s. IV a. C. que representa la escena de la lucha entre Polinices y Eteocles. Se encontraba en el Museo Nacional de Brasil, recientemente destruido por un incendio.

Generaciones después, Polinices, hijo de Edipo y Yocasta, se encontraba en lucha contra su hermano Eteocles por el trono de Tebas. Ambos estaban malditos por su padre, condenados a matarse el uno al otro en esta disputa. Sin embargo, llegaron a un acuerdo para turnarse y evitar la maldición, hasta que uno de los dos lo incumplió. Para algunos fue Eteocles quién no cedió el trono cuando acabó su periodo de reinado. Para otros, Polinices cambió su derecho al trono por el collar de Harmonía. Sea como sea, Polinices quiso gobernar y su hermano lo expulsó de la ciudad.

Comenzaron una serie de intrigas para ganar aliados para marchar contra Tebas, entre las cuales volvió a aparecer el collar. Polinices lo utilizó para sobornar a Erífile, la esposa de uno de los generales del rey de Argos, con la intención de que convenciera a su marido Anfiarao para participar en la expedición, puesto que se oponía a ella porque sabía que moriría.

El destino aciago de Polinices se cumplió, quizá por la maldición del collar o por la de su padre Edipo. Ambos hermanos se mataron en esa batalla. Pero la funesta joya se encontraba ya en manos de Erífile que, como hemos dicho, persuadió a su esposo para ir a la guerra sabiendo que si lo hacía iba a morir. Anfiarao fue, pero dejándole un recado a sus hijos: que mataran a su madre. Uno de ellos, Alcmeón, cumplió con la promesa. Tampoco a Erífile le había traído suerte el collar.

Así, Alcmeón se convirtió en el nuevo propietario. Por poco tiempo, porque las Erinias comenzaron a perseguirlo para castigar su matricidio y se refugió en la corte del rey Fegeo de Psófide, que lo casó con una de sus hijas: Arsínoe. Alcmeón le regaló el collar a su nueva esposa, pero las Erinias no lo dejaban en paz y huyó de nuevo, llegando al río Aqueloo y casándose con la hija del río, Calírroe. La nueva esposa también quería el collar y consiguió convencer a Alcmeón de que lo recuperara para ella. Éste volvió junto a su primera esposa, que no sabía nada de la segunda, y la engañó diciéndole que necesitaba el collar para darlo como ofrenda en Delfos y librarse de las Erinias. La pobre se lo tragó, pero su padre se enteró del engaño a través de la indiscreción de un criado. Fegeo mandó a sus hijos a asesinar a Alcmeón, y Arsínoe, que no entendía nada, lo vio desde la ventana y los maldijo a todos.

El collar pasó a las manos de Pronoo y Agénor, los hijos de Fegeo. Intentaron convencer a su hermana de que retirara la maldición, pero, como no lo hizo, la metieron en un arca y la vendieron como esclava. Otro destino nefasto para otra propietaria del collar. Tras eso, los dos hermanos fueron enviados a Delfos a consagrar el maldito collar, pero de camino los interceptaron los dos hijos que Alcmeón había tenido con Calírroe y los mataron.

Ambos, llamados Anfótero y Acarnán, fueron entonces los propietarios del collar, pero no se lo llevaron a su madre, sino que terminaron con el viaje a Delfos para dejarlo en el templo de Atenea. Ya había traído bastantes problemas, pero ni en lugar sagrado se detuvo el reguero de mala suerte y todavía añadiría a una desafortunada propietaria más a su palmarés.

La última dueña conocida fue la esposa del rey de los eteos. Su amante era el tirano Failo, que saqueó Delfos y regaló el collar a su querida. Ésta lo llevó un tiempo hasta que sufrió un triste paralelismo con Erífile, la antigua propietaria que pagó cara su ambición. Su hijo menor sufrió un ataque de locura y quemó la casa, y con ella a su madre y todos sus bienes. Ahí se perdió la pista del maldito collar de Harmonía.

¿Un tanto lioso? Os dejamos esta infografía para que os quede más clara la senda de desdichas que fue sembrando el objeto «maldito».

Hay que decir que el collar no iba solo en este periplo. Lo acompañaba el otro regalo de boda de Harmonía, una túnica, que pasó también de mano en mano; de desgraciado en desgraciado. ¿Quizá sería esta prenda la portadora de mala suerte y no el collar?

2 Comentarios

  • Raúl Guadarrama Ortiz

    Los felicito por su iniciativa y por difundir la tradición antigua.

    Me encantaría unirme a su proyecto <>.

    Reciban cordiales saludos y gracias por su amable invitación.

    Atte. Raúl Guadarrama Ortiz.

  • jose jucht

    Muy buen resumen, como tal, claro y conciso. Mantiene al lector atento a todos los detalles y por abstracción se hace facil imaginar los epidosio fatídicos del collar.

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