Escila nació como una hermosa ninfa, o bien hija de Apolo y Hécate, o de Forcis y Ceto. Su transformación en monstruo se produjo a causa de los celos de la bruja Circe. Ésta estaba enamorada de uno de los pretendientes de Escila, Glauco.
Se decía que tenía cuerpo de mujer y que de su vientre salían seis cabezas de perro —en algunas fuentes éstas tenían cuello serpentino— con tres hileras de dientes, y su aullido era como el de dicho animal.
Vivía en un promontorio rocoso en el Regio, frente a Mesina —antaño llamada Zancle, en Sicilia—. En la orilla delantera había un enorme remolino, llamado Caribdis, que succionaba a los barcos que se aventuraban por el estrecho. Si éstos no querían morir, era preferible pasar junto a Escila y perder solo a seis hombres, uno por cada cabeza.
Odiseo fue uno de estos célebres viajeros que tuvo que elegir y, aconsejado por Circe, pasó junto a ella.
Finalmente fue convertida en roca por los dioses y permanece en ese mismo lugar, en el que hoy es el pueblo de Scilla, en Italia.
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