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La carrera de Pélope y Enómao

Enómao, hijo de Ares, era rey de Pisa y padre de la bella Hipodamía[1]. A ésta no le faltaban pretendientes, pero un oráculo había vaticinado que Enómao moriría a manos de su yerno.

Para evitar que esta profecía se cumpliese, el rey imponía una prueba imposible a los aspirantes a la mano de su hija: debían vencerlo en una carrera de cuadrigas. Los caballos de Enómao eran más veloces que Bóreas, el viento del norte. Aquellos que competían contra él y perdían, que eran todos, acababan condenados a muerte.

Un día se presentó Pélope, el hijo de Tántalo. Él también tenía un carro especial; era de oro y lo tiraban caballos alados e inmortales que podían correr sobre el mar sin mojarse. Había sido un regalo de su amante, Poseidón, con el que había mantenido una relación hasta que Zeus lo expulsó del Olimpo por los crímenes de su padre.

Pero, al ver las cabezas de los perdedores clavadas sobre las puertas, empezó a arrepentirse. Por si acaso prefirió hacer un trato con Mirtilo, el auriga del rey Enómao; si lo ayudaba, le cedería la mitad del reino. ¿Por qué Mirtilo aceptó traicionar a su rey? En algunas versiones, Pélope también le prometió pasar la primera noche con Hipodamía, o incluso fue ella misma quién lo prometió al quedar prendada del hijo de Tántalo. Mirtilo estaría enamorado de ella, aunque nunca se había atrevido a desafiar a Enómao.

Sea como fuere, Mirtilo aceptó y no ajustó bien los pernos a las ruedas del carro. Cuando los caballos comenzaron a correr, las piezas de la cuadriga de Enómao se desencajaron y el rey murió al caer o al quedar enganchado en las riendas y ser arrastrado.

Pélope pudo casarse con Hipodamía, pero pensó que cumplir la promesa hecha Mirtilo sería una deshonra y lo lanzó al mar desde el Cabo Geresto. Por él recibió éste, el que se extiende entre el Peloponeso y las Islas Cícladas, el nombre de Mar Mirto, y fue recordado en las estrellas como la constelación del Auriga. Pero Mirtilo maldijo antes a Pélope y a todo su linaje, dando origen a la que sería conocida como «la maldición de los átridas».

Por su parte, Pélope se quedó con el reino de Enómao y acabó dominando toda la zona: el Peloponeso. Se le rindió culto en Olimpia, que se encontraba muy próxima a su capital y es donde Pausanias ubica su tumba. Además, la carrera de carros con Enómao inspiró más adelante los Juegos Olímpicos.

Con Hipodamía tuvo varios hijos, entre los que destacan los gemelos Tiestes y Atreo —futuro padre de Agamenón y Menelao—, quienes se disputaron el trono de Micenas.

 

Notas

[1] No confundir con la Hipodamía hija de Butes, rey de Argos, que se casó con Pirítoo y a quien intentaron secuestrar los centauros en su propia boda.

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