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El castigo de Sísifo

Sísifo fue el fundador de Corinto, llamada Éfira en un principio. Pero no es precisamente reconocido por este hecho, sino por el castigo que sufre eternamente en el Tártaro.

El motivo no está del todo claro. Existen varias versiones y muy dispares, así que os contaremos las dos más populares.

Según Higino, la causa fue su impiedad. Sísifo tenía un hermano llamado Salmoneo con quien se llevaba literalmente a matar. Cuando éste le usurpó al trono de Tesalia, que le correspondía por derecho, preguntó a Apolo en su oráculo en Delfos cómo podía eliminarlo. La respuesta fue que seduciendo a su sobrina Tiro, hija de Salmoneo. Los hijos que tuviera con ella serían los que matarían a su abuelo. Nacieron dos, pero Tiro, al oír esa profecía, los asesinó. Sísifo acusó a su hermano de incesto y asesinato. Este retorcido plan sería el motivo por el que se ganaría su castigo.

Como curiosidad, Salmoneo tampoco acabó bien de todas formas. Quiso imitar a Zeus lanzando “rayos y truenos” desde su carruaje, que en realidad eran teas encendidas que tiraba sobre la gente. Zeus lo fulminó con un rayo de los de verdad.

Tenemos también la versión de Apolodoro, que parece más extendida, en la que se ganó el castigo por chivato. Zeus había raptado a la ninfa Egina y su padre, el dios fluvial Asopo, la estaba buscando. Fue Sísifo quien le contó lo que había pasado con ella a cambio de que el dios hiciera brotar un manantial en Pirene.

Sea como fuere, Zeus mandó a Tánatos, la personificación de la muerte, a buscarlo para llevarlo al Tártaro, donde recibiría su castigo. Pero Sísifo era un hombre astuto y consiguió engañarlo para que se pusiera sus propias esposas. Así lo apresó y consiguió posponer un tiempo su condena. Sin embargo, tener cautiva a la muerte implicaba, lógicamente, que los mortales no se morían. Eso chocaba de frente con las actividades de Ares, que consiguió liberar a Tánatos y que todo volviera a la normalidad.

Pero este no era el único as en la manga de Sísifo. Antes de marchar al Inframundo le dijo a Mérope, su mujer, que no lo enterrara. Una vez en el Hades, el taimado rey convenció a Perséfone de que debía volver a castigar a su mujer por no haberlo enterrado como correspondía. Prometió regresar en tres días, pero Sísifo retornó al mundo mortal sin ninguna intención de cumplir su palabra. Fue Hermes quien tuvo que intervenir y llevarlo al Tártaro de nuevo por la fuerza.

Finalmente, se le encomendó la tarea que debía realizar: empujar una roca gigantesca por la ladera de la colina y dejarla caer al otro lado. Sin embargo, la roca era tan pesada que cuando llegaba a la cima volvía a caer otra vez hasta abajo. Sísifo debía empujarla una y otra vez, pero sin conseguir terminar nunca su trabajo imposible.

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