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Eros y Psique (Parte 2): Las pruebas de Afrodita

Afrodita buscaba a Psique por haber traicionado a su hijo Eros, pero fue ella misma quien se presentó en uno de los templos de la diosa, donde una de sus siervas la llevó ante ella arrastrándola del cabello. Afrodita comenzó su venganza mandando a sus esclavas Inquietud y Tristeza para que la torturaran. Después, ella misma tomó el relevo, amenazando incluso con provocarle un aborto antes de darle una paliza.

Su tortura se volvió más refinada, encargándole a la desdichada una prueba imposible. Hizo traer un gran montón de semillas de trigo, cebada, mijo, semillas de amapola, garbanzos, lentejas y habas, todo mezclado, y le ordenó que los separara antes del anochecer. Psique ni siquiera lo intentó, sabiendo que no lo conseguiría. Entonces, una hormiga que conocía bien lo duro de la tarea se compadeció de ella y llamó a sus compañeras para ayudarla. Terminaron el trabajo a tiempo y desaparecieron. Afrodita no creyó que lo hubiera conseguido sola, pero le dio un trozo de pan y la dejó dormir allí. Ni Eros ni ella sabían que estaban tan cerca el uno del otro.

A la mañana siguiente la llevó a un bosque donde pastaban carneros salvajes con vellones de oro y le pidió que le trajera esa lana. Psique fue, pero con la intención de suicidarse y terminar con su agonía. Sin embargo, la ninfa del río al que pretendía tirarse le advirtió que no profanara sus aguas con su muerte y le aconsejó que esperara a que los violentos carneros se durmieran y entonces cogiera la lana que había quedado enredada entre las ramas de los arbustos. Eso hizo y superó así la prueba, pero aun sin obtener de Afrodita más que recelo y furia.

En la siguiente prueba, la diosa estaba convencida de que nadie podría ayudarla: Psique debía subir a la cima de una alta montaña con una jarra y coger agua del río negro que riega las marismas estigianas. Debería completar esta tarea antes de salir el sol. El camino lo guardaban dragones, por lo que la muchacha estaba convencida de que esa vez sí moriría. Y al acercarse, una vez más encontró ayuda. El águila de Zeus, que debía un favor a Eros, cogió su jarra y llegó hasta la cima sobrevolando a los dragones. Afrodita, por supuesto, se enfureció aún más al ver aparecer viva a Psique, con la jarra y dentro del plazo.

Le ordenó entonces una última prueba: bajar al infierno. Le dio una caja y le encomendó llevarla hasta Perséfone y pedirle un poco de su belleza. Psique subió a una alta torre, creyendo que tirarse desde ella sería la forma más rápida de llegar al inframundo. Pero la torre habló y la detuvo, señalando que, si su alma se separaba de su cuerpo, jamás podría regresar. Le indicó cómo proceder; debía dirigirse a Lacedemonia, donde encontraría una entrada. Atravesaría las cuevas con dos monedas en la boca y una tarta de cebada en cada mano. En su camino encontraría un asno cojo cargado de leña con un conductor, también cojo, que le pediría ayuda con la carga, así como unas viejas hilanderas que querrían que les echara una mano con su labor. En ningún caso debía hacerlo, sino ignorarlos y pasar en silencio. Cuando llegara hasta el barquero Caronte debería darle una de las monedas, pero tenía que ser él quien la sacara de su boca. También en esa travesía, un muerto intentaría que lo ayudara a subir a la barca, pero no debía compadecerse. Una de las tartas se la daría a Cerbero, y la tarta y la moneda restante debería guardarlas para la salida.

En casa de Perséfone, ésta la acogería con gran hospitalidad, pero ella tenía que sentarse en el suelo y pedir solo un pedazo de pan negro. Y, sobre todo, la norma más importante era no abrir la caja. Psique cumplió todo a rajatabla y consiguió salir, pero una vez en el exterior sucumbió a la tentación la abrió. En vez del secreto de la belleza, lo que encontró fue un sueño profundo que la dejó como muerta.

Eros, ya restablecido de su herida y sin soportar estar lejos de Psique, se fugó de casa de su madre y la fue a buscar. Cuando la encontró, volvió a guardar el sueño en la caja y la despertó con una flecha. Tras amonestarla porque, una vez más, su curiosidad la había metido en líos, la envió a completar la misión mientras él arreglaba su situación. Dicho esto, partió inmediatamente en busca de Zeus y le suplicó que aprobara su matrimonio. El rey de los dioses accedió por el cariño que le tenía, y ya de paso, a cambio de alguna hermosa muchacha que hubiera en aquel momento entre los mortales. Mandó a Hermes a avisar a todos los dioses para que acudiesen a una asamblea, bajo la amenaza de una multa si faltaban. El anfiteatro celestial se llenó.

Zeus anunció que el hecho de que Eros sentara la cabeza con el matrimonio era algo bueno, y que Afrodita no vería manchado su linaje por tener una nuera mortal porque él mismo le daría la ambrosía para igualarla a los dioses.

Por fin, tras tantas penurias, Eros y Psique tuvieron una boda formal ante los dioses y pudieron estar juntos con la aprobación de Afrodita.

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