Olímpicos

Afrodita

Afrodita era la reina del baile del panteón olímpico; la más guapa y popular, la que suscitaba envidias entre diosas y mortales. Representaba algo tan puro y hermoso como el amor y la belleza.

Dos conceptos tan bonitos y que, sin embargo, trajeron tantos problemas a los griegos. Y es que ese «amor» de Afrodita no era el romántico, sino el sexual. Cuando comemos algo afrodisíaco, ¿la idea es que nos den ganas de llevarle un ramo de flores a la amada? Pues lo dicho; su influencia «amorosa» metía en muchos líos a los mortales, a los propios dioses y a ella misma. Por esto era también patrona de prostitutas y cortesanas.

En cuanto a su belleza, baste decir que la elección de Paris considerándola la diosa más bella desembocó en la guerra de Troya. Pero a menor escala también podía dar muchos problemas a las mortales guapas por pura envidia. Que se lo pregunten a Psique, la amada de su hijo Eros, tan bella que la consideraban una reencarnación mortal de Afrodita. Esto no era un cumplido, si una sabía lo que le convenía. De la misma forma, a la inversa, algunos se aprovechaban de su vanidad para obtener su favor.

Sobre su nacimiento existen dos versiones principales. Homero en la Ilíada cuenta que era hija de Zeus y Dione, una diosa primitiva cuyo nombre significa eso mismo, «diosa», y sin más papel en la mitología. Pero la versión más extendida es aquella por la que se la denomina «Afrodita Urania» y que nos cuenta Hesíodo en la Teogonía: durante la Titanomaquia, Crono cortó los genitales a su padre Urano con una hoz adamantina —es decir, de diamante— y los lanzó al mar. De la espuma que surgía de los celestiales testículos a la deriva nació Afrodita, ya adulta, y llegó primero a la isla de Citera y después a Chipre. La hierba brotaba a su paso y la acompañaban dos seres alados: Eros, este sí, el amor romántico, e Hímero, la lujuria y el deseo sexual.

«El nacimiento de Venus» (1863) Alexandre Cabanel

Con Afrodita, la mitología griega tenía su propia versión de La Bella y la Bestia. Zeus la casó con el dios más feo del Olimpo: Hefesto, dios de la forja y el fuego y patrón de artesanos y herreros, cojo y con arsenicosis. Pero a Afrodita poco le importaba si la belleza estaba o no en el interior. Ignoró a su esposo y se centró en sus amantes, de los cuales, el más conocido es Ares, dios de la guerra.

Por si con su simple belleza no fuera bastante, su marido Hefesto le regaló el cesto, un cinturón que la hacía completamente irresistible.

Al ser una diosa de algo tan elemental y relacionado con los instintos primarios como es el amor y el deseo, Afrodita tenía equivalentes con el resto de religiones de la Antigüedad: la Venus romana, la Inanna sumeria, la Hathor egipcia o la Astarté fenicia, por citar a algunas.

Episodios en los que interviene:

Pigmalión y Galatea
La red de Hefesto
Eros y Psique (parte 1): Amor ciego
Eros y Psique (parte 2): Las pruebas de Afrodita
Las bodas de las Danaides

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies