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Aquiles en Esciros

Una vez reclutado Odiseo, la expedición aquea se dirigió en busca de otro de sus grandes héroes, el poderoso Aquiles, al que, al contrario que al rey itacense, no le ataba juramento alguno. Sin embargo la madre de Aquiles, la diosa Tetis, había profetizado desde el mismo instante de su nacimiento que si su hijo marchaba a Troya no regresaría con vida, por lo que años antes del rapto de Helena, Tetis decidió esconder a Aquiles en la corte de Licomedes, rey de Esciros.

Al llegar a la isla, Aquiles pasó a formar parte del grupo de hijas adolescentes del rey, camuflado con atuendo femenino y tomando el nuevo nombre de Pirra, que hacía referencia al color claro de sus cabellos. Y así pasaron los años sin que nadie, aparte del rey y sus hijas, supiera de su auténtica identidad en palacio, y sin que en el resto de la Hélade se conociera su paradero.

Los aqueos, tras buscarlo en su patria sin éxito, escucharon rumores de que Aquiles quizás podría encontrarse en Esciros, por lo que se pusieron en marcha hacia la corte de Licomedes. Al llegar a la isla, el rey negó que Aquiles estuviera allí oculto, mas ante la insistencia de la expedición no puso objeción alguna a que lo buscaran entre sus cortesanos. Pero el disfraz era tan conseguido, y la falsa identidad tan arraigada entre los sirvientes de palacio, que les fue imposible encontrarlo.

Afortunadamente para los aqueos, al ingenioso Odiseo se le ocurrió un plan para descubrir a Aquiles. Reunió en el atrio del palacio todo tipo de regalos para las hijas del rey: lujosos vestidos, brillantes joyas y valiosos perfumes. Entre todos estos delicados objetos, disimuladamente, colocó también un escudo y una lanza.

Reunió a las hijas de Licomedes para entregárselos, pero antes de que cada una eligiese de entre todos esos regalos sus favoritos, Odiseo hizo sonar una trompeta en señal de alarma. Aquiles, pensando que el palacio estaba en peligro, se deshizo rápidamente de sus ropajes y tomó las armas del montón de regalos, dispuesto a defender al reino de sus enemigos. Fue entonces cuando se dio cuenta del ardid de Odiseo, por lo que Aquiles se sintió obligado a unirse a las tropas aqueas y enfrentarse a su aciago destino.

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